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Ciencias, teorías y conceptos teológicos, misticos y cósmicos

 La ciencia teologica

Esfera Armilar Ptolemaica, un instrumento didáctico creado por Ferdinando de Medici para la enseñanza astronómica que hoy se encuentra en el Museo Galileo de Florencia, Italia. - Shutterstock
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Tablas malditas

La biblioteca universitaria más antigua de Europa está en España

Fundada por Alfonso X, el sabio, esta biblioteca española posee 2.774 manuscritos, 483 incunables y unos 62.000 volúmenes.

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El rey de Castilla, Alfonso X, apodado 'el sabio', fue quien decidió construir esta biblioteca histórica en el año 1254. Hablamos de la Biblioteca General Histórica de la Universidad de Salamanca y es la biblioteca universitaria más antigua de Europa, siendo un centro de erudición y aprendizaje durante siglos, desempeñando un papel fundamental en la vida intelectual del continente. No en vano, Salamanca es una de las ciudades más antiguas de España.

La universidad de Salamanca que es, además, la tercera universidad más antigua de Europa se fundó en 1218 por Alfonso IX de León y pocos años después, gracias al auspicio de este rey de Castilla y León, se construyó esta biblioteca General Histórica situada en el edificio de las Escuelas Mayores de la ciudad de Salamanca.

La biblioteca universitaria más antigua de Europa está en España - Wikimedia Commons

La biblioteca en sí fue una parte integral de la universidad desde sus inicios, pero la fecha de nacimiento oficial de la biblioteca sería el año 1254, “puesto que la Carta Magna de Alfonso X ya recogía la creación del cargo de Estacionario o propietario de una 'Estación' de libros, retribuido por la Universidad y encargado de mantener ejemplares actualizados para la consulta. No obstante, es preciso esperar al siglo XV para que abunden las noticias acerca de la Biblioteca, que no alcanzó su primer esplendor hasta la segunda mitad del siglo XV y durante todo el siglo XVI”, explica la web de la Universidad de Salamanca.

La biblioteca sirvió como depósito de conocimientos y recurso para el trabajo académico. A lo largo de los siglos, ha acumulado una colección invaluable de obras, que incluyen manuscritos medievales, incunables (libros impresos antes de 1501) y documentos históricos: podemos encontrar a día de hoy 2.774 manuscritos, 483 incunables y unos 62.000 volúmenes impresos entre los siglos XVI y XVIII.

Entre los manuscritos conservados destacan el Liber Canticorum de la reina Doña Sancha, de mediados del siglo XI, el manuscrito “De materia médica”, más conocido como “Manuscrito Dioscórides”, su autor, el códice “Armorial” de Steve Tamborino, y el Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita. También alberga una cantidad significativa de libros y documentos raros que abarcan diversas áreas del conocimiento y la historia humanos, incluidas obras sobre filosofía, ciencia, derecho y artes.

Arquitectura

La biblioteca se construyó con estilo gótico, y fue labrada en piedra por los mismos artistas que esculpieron la portada de la Catedral Nueva de Salamanca o Catedral de la Asunción de la Virgen. Aunque no solo este. El recorrido arquitectónico de la biblioteca refleja influencias góticas, barrocas y renacentistas, cada una añadiendo capas de historia y diseño a su estructura.

Las primeras secciones de la biblioteca, que datan del siglo XV, muestran el estilo gótico predominante en esa época. La arquitectura gótica, conocida por sus arcos apuntados, techos abovedados y espacios grandes y aireados, era ideal para el propósito de la biblioteca, proporcionando un ambiente que inspiraba el estudio y la contemplación.

Vista de la biblioteca - Wikimedia Commons

A medida que el Renacimiento se extendió por Europa, trayendo consigo un renovado interés por el aprendizaje clásico y las humanidades, la biblioteca fue ampliada para incluir otros elementos característicos de este período, como la Escalera del Conocimiento, una alegoría en piedra sobre cómo la sabiduría es el camino para superar las 'depravaciones' del hombre. El estilo renacentista se caracteriza por su simetría, proporción y la inclusión de elementos inspirados en la antigüedad clásica, lo que se puede apreciar en la ordenada disposición de los espacios de la biblioteca y las armoniosas proporciones de sus salas de lectura.

Durante el período barroco, la biblioteca se enriqueció aún más con elementos decorativos que reflejaban la grandeza y el dramatismo de la época como las estanterías de pino ricamente decoradas con tallas ornamentadas, que trajeron un aura renovada de esplendor a la biblioteca, convirtiéndola no solo en un lugar de estudio sino también en una muestra de excelencia artística. En la época barroca, la biblioteca se expandió tanto físicamente como en cuanto a sus colecciones.

Interior de la biblioteca - iWikimedia Commons

La historia de la biblioteca tiene tantas capas como su arquitectura. Los siglos XX y XXI se han centrado en preservar los invaluables textos y artefactos alojados en la biblioteca, como el globo terráqueo fabricado en papel y yeso sobre una cuna de madera que data del año 1757 y que fue creado por Johan Senex y Benjamín Hardon en Londres. En los últimos tiempos, los expertos dedican los esfuerzos en digitalizar las colecciones y hacerlas accesibles a todo el mundo.

Entrada a la biblioteca - Wikimedia Commons

Referencias: 

  • REBIUN, Red de Bibliotecas Universitarias Españolas (Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas)
  • Universidad de Salamanca 
  • Díez, L., & Rodríguez-Bravo, B. (2009). E-books in Spanish academic libraries. Electron. Libr., 27, 86-95. doi:  https://doi.org/10.1108/02640470910934614.
  • Casson, L. (2017). Libraries in the Ancient World. . doi: https://doi.org/10.2307/4144226.
  • Tarabić, M. (2022). Ancient libraries from the 1st to the 5th century of the new era. Korak biblioteke: casopis za kulturu i bibliotecko-informacionu delatnost. doi:  https://doi.org/10.5937/korbib2207019t.

La revolución académica medieval: universidades y 'renacimiento aristotélico' en Europa

Las universidades medievales, herederas de la antigua tradición académica, se consolidaron como centros de enseñanza y pensamiento. Surgieron de escuelas eclesiásticas y recibieron influencia de Toledo en la recuperación de la obra aristotélica, transformando el panorama intelectual europeo con su enfoque racional y libertad académica.

Universidad de Bolonia

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La universidad es una de las instituciones más importantes que la sociedad moderna ha heredado de la Edad Media, y que mejor ha conservado sus funciones primordiales como centro de transmisión del saber, de investigación y producción de nuevos conocimientos. 

En la Antigüedad clásica no faltaron instituciones comparables a las modernas universidades, siendo el mayor ejemplo la Academia de Atenas. Existió hasta después de la muerte del filósofo Filón de Larisa, alrededor del 83 a. C., e inspiró entre otras la Academia Neoplatónica de Florencia, que Marsilio Ficino creó en nombre de Cosme de Médicis.

'La Escuela de Atenas', pintura de Rafael Sanzio en los Museos Vaticanos (Roma) - P. Zigrossi - 1996 / iStock

La Academia de Atenas representó el símbolo de la filosofía platónica en toda la Antigüedad e incluso Plutarco, en época romana, se describió a sí mismo, y a los pensadores que como él se referían a Platón, como «académicos» (akademikoi). Lo que distingue a las instituciones clásicas de la universidad medieval, sin embargo, es el especial reconocimiento jurídico que esta última otorgaba a quienes se beneficiaban de su enseñanza, ya que la antigua institución académica no concedía títulos ni grados.

La universidad medieval tenía la doble característica de studium generale, es decir, lugar de estudio abierto a todos, y universitas studiorum, corporación que gestionaba establecimientos de enseñanza; pero también era considerada corporación de maestros y eruditos, de ahí el nombre más común de universitas magistrorum et scholarium.

Esta universidad concedía, previo examen, la licentia ubique docendi y, el que se licenciaba, una vez convertido en doctor o magister, no era aceptado en la universidad en la que había cursado sus estudios, sino que se marchaba a otro lugar a enseñar o a ejercer su profesión. 

El punto esencial de la evolución histórica de la universidad consiste precisamente en la forma en que se realiza el desprendimiento del alumno de la universidad en la que estudió; de modo que universidades como las francesas han conservado la característica medieval de la venia legendi, con la que el alumno completa allí la primera lección de su carrera; mientras que otras la han perdido.

Lección en la Universidad de Bolonia según una miniatura de una edición medieval de la Ética a Nicómaco de Aristóteles. - Álbum

Las primeras universidades surgieron de escuelas eclesiásticas, por lo que es imposible determinar cronológicamente su nacimiento. Las más antiguas siguieron desarrollando sus actividades de oficio, pero para el establecimiento de las nuevas universidades era necesaria la autorización papal o imperial, por lo que solo para estas últimas puede hablarse de una fecha precisa de fundación. 

El centro de estudios superiores más antiguo, aunque no se trate de una verdadera universidad, es la famosa Escuela de Medicina de Salerno (a mediados del siglo XI), reorganizada por Federico II Hohenstaufen en el año 1231, pero fueron las universidades de Bolonia y de París las que proporcionaron los dos modelos organizativos en los que se inspirarían todas las demás. 

A lo largo de los siglos XII y XIII se verificó en efecto una verdadera «revolución cultural» en el ámbito europeo, que culminó en el desarrollo de nuevas formas de expresión artística (como la construcción de extraordinarias catedrales), y, fundamentalmente, en una formidable reevaluación del valor de la educación de masas. Esta fase de rápida reorganización encumbró la Universitas scholarum de Bolonia y la Universitas magistrorum de París como las primeras y más relevantes universidades de Occidente.

Universidad de Bolonia

Considerada la universidad propiamente dicha más antigua del mundo, la fundación del Alma mater studiorum (madre prolífica de estudios) data tradicionalmente de 1088. La fecha fue fijada en 1888 por una comisión presidida por el poeta italiano Giosuè Carducci, y no parece estar muy alejada de la realidad histórica, ya que hay constancia de la ciudad de Bolonia como importante centro de estudios ya en la primera mitad del siglo XII (el apelativo docta se atestigua a partir de 1118). 

El florecimiento de los estudios de Derecho en Bolonia debe relacionarse con el ambiente jurídico formado en la corte de Matilde de Canossa. La condesa aspiraba a unificar sus heterogéneos dominios mediante el instrumento del Derecho, lo que condujo a un desarrollo de las actividades jurisdiccionales en los tribunales de las regiones de Toscana y Emilia. 

Bolonia introdujo facultades seculares abiertas, no solo a aristócratas o eclesiásticos, sino a todos los ciudadanos, ya fueran boloñeses, extranjeros o foráneos, de modo que hacia 1200 a la facultad original de Derecho se unieron las de Medicina y Filosofía, y más tarde la de Teología. Desde su nacimiento, en Bolonia prevaleció la universitas scholarum, el gremio de estudiantes al que el emperador Federico I Barbarroja concedió privilegios especiales.

Lección en la Universidad de Bolonia según una miniatura de una edición medieval de la Ética a Nicómaco de Aristóteles - Álbum

Universidad de París

La Universidad de París nació de la expansión de la Escuela Catedralicia de Notre-Dame, que, por diversas circunstancias, había adquirido una preeminencia sobre todos los demás centros de estudio durante el siglo XII, atrayendo a estudiantes de toda Europa. La curia romana favoreció su desarrollo y sus tendencias autónomas, sustrayéndola de la protección directa del rey, del obispo y de su canciller.

La organización universitaria permitió una verdadera internacionalización de la vida intelectual de la época, en plena armonía con la multiplicidad de intercambios y el creciente movimiento de personas que se producía en la sociedad. En este sentido, desempeñaron un papel decisivo las propias órdenes mendicantes, ya no sedentarias, deseosas de afirmar su presencia en los grandes centros.

Fueron extranjeros como el inglés Alejandro de Hales, el alemán Alberto Magno, los italianos Buenaventura y Tomás de Aquino, los que hicieron de París la capital intelectual de la cristiandad: en palabras del papa el «horno en el que se cocía el pan intelectual del mundo latino».

En París prevalecía la universitas magistrorum et scholarum, es decir, una especie de gremio unitario de maestros y estudiantes. Otro rasgo característico es la apertura a profesores y estudiantes de todas las clases sociales, señal de que la comunidad universitaria no conocía diferencias de casta o, más bien, generaba una nueva casta compuesta por los elementos sociales más heterogéneos.

Universidad de París. - iStock

La universidad medieval, por tanto, a diferencia de las universidades de épocas posteriores, era «popular» en el sentido de que acogía a estudiantes, incluso pobres, hijos de campesinos y artesanos, a los que se permitía completar sus estudios mediante ciertos privilegios como la exención de impuestos o becas y alojamiento gratuitos. Los goliardos y los clérigos constituían así un mundo propio, cuya nobleza ya no estaba representada por su clase de origen, sino por la cultura adquirida.

La Universidad de París ocupó un lugar destacado en el contexto sociocultural de la época, no solo porque santo Tomás alcanzó allí un enorme prestigio, sino porque representaba el prototipo de las nuevas escuelas, el fruto maduro de la nueva sociedad, la sede espiritual de un verdadero renacimiento.

A diferencia de Bolonia, el gremio de maestros de París recibió su primer reconocimiento oficial a principios del siglo XIII y su estatuto definitivo en 1231. Característicos de la Universidad de París eran los colegios mayores, el más famoso de los cuales era la Sorbona.

Esta peculiaridad influyó en la constitución de las universidades inglesas. El origen de Oxford quizá se deba a una migración de estudiantes expulsados de París, que tuvo lugar hacia 1167. Algo posterior es la Universidad de Cambridge, reconocida como studium generale entre 1230 y 1240.

Universidad de Salamanca

La Universidad de Salamanca —cuyo rector, el escritor y filósofo Miguel de Unamuno, pronunciaría en 1936 su célebre discurso «Venceréis, pero no convenceréis» en presencia del fundador de la Legión española, José Millán-Astray—, tuvo un origen eminentemente jurídico, en consonancia con la Universidad de Bolonia y en contraste con las universidades de Oxford y París.

El studium generale fue instituido en 1218 por Alfonso IX de León, e incluía las cátedras de Derecho, Medicina, Lógica, Gramática y Música. Los profesores de asignaturas relacionadas con el Derecho gozaban de un sueldo mayor, al tratarse de una universidad inclinada hacia las disciplinas jurídicas. Pero el espaldarazo decisivo le llegó en el año 1255, con la bula del papa Alejandro IV, que le otorgó la licentia ubique docendi, con la que se reconocía la validez de los grados otorgados en todo el mundo. Las clases se impartían en latín, lo que facilitaba la movilidad internacional de profesores y estudiantes al ser una lengua utilizada en toda Europa.

Escultura de fray Luis de León frente a la fachada de la Universidad de Salamanca - Wikimedia

La mayor parte de los alumnos provenían de la Meseta Norte, Portugal, Galicia y Asturias. A finales del siglo XIV estudiaban en Salamanca entre 500 y 600 alumnos. Durante el siglo XVI eran ya unos 3000, todos varones y con predominancia de los clérigos sobre los laicos.

Recuperación del pensamiento aristotélico

Antes de la aparición de las primeras universidades medievales, Toledo fue el principal centro intelectual de recepción, asimilación y transmisión del saber antiguo —en especial de la ciencia y filosofía de Aristóteles—, gracias a las innegables contribuciones hispano-árabes.

Fue Amable Jourdain, en su conocida obra póstuma, Recherches critiques sur l’âge et l’origine des traductions d’Aristote et sur les commentaires grecs ou arabes employés par les docteurs scholastiques (Paris, 1819), el que se refirió por primera vez al conjunto de estudiosos (musulmanes, cristianos y judíos) que trabajaban traduciendo los textos del saber antiguos, desde el árabe o el griego al latín, en la diócesis de Toledo, entre los siglos XII y XIII, bajo el influjo del arzobispo Raimundo de Sauvetat, como «collège de traducteurs».

Platón y Aristóteles en el centro de La Escuela de Atenas, uno de los frescos pintados por Rafael Sanzio, entre 1509 y 1511, en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano. - Foto: Shutterstock.

Por tanto, si bien el Occidente latino había tenido conocimiento del Organon antes del siglo XII, por medio de las traducciones de Boecio, no hay que olvidar los aportes realizados por los filósofos hispano-árabes en el conocimiento de la filosofía de Aristóteles, unos aportes que tuvieron un papel decisivo en su posterior renacimiento en el siglo XIII.

La recepción y difusión de la obra aristotélica en la Universidad de París supuso una verdadera conmoción intelectual. Precedidas por los comentarios de Averroes, las obras aristotélicas se fueron introduciendo en la década de 1220-1230. Esto lo sabemos no solo por las glosas existentes en los manuscritos, sino también por las distintas prohibiciones que tienen lugar con respecto a las mismas. En 1210 acontece la primera prohibición de leer a Aristóteles en París, en el seno de la herejía amalricense.

Lo que se prohíbe es la lectura, pública o privada, de la filosofía natural aristotélica: «Y que no se lean en París los libros de filosofía natural de Aristóteles, ni los comentarios, ya sea en público, ya en privado; lo prohibimos bajo pena de excomunión» (Vid. Denifle, H., Chatelain, A., Chartularium Universitatis Parisiensis).

Miniatura del siglo XIII, de autor desconocido. Boceto de un código medieval que muestra la composición del Colegio de Doctores, Jueces y Abogados. - Álbum

Alrededor de 1240, sin embargo, las prohibiciones habían perdido efecto. Entre 1240 y 1247, Roger Bacon enseñó los libros naturales de Aristóteles en París y Oxford con patrones de estudio similares; y desde 1250, salvo alguna excepción, el curriculum de la Facultad de Artes era aristotélico en su práctica totalidad, como recogen los estatutos de 1255, que suponen la adopción oficial del aristotelismo en la Universidad de París y los primeros enfrentamientos.

La Facultad de Artes es ya lo que podríamos llamar una Facultad de Filosofía, y sus miembros pronto buscan impartir sus enseñanzas con independencia de la teología. A pesar de mantener el status de facultas inferior, la Facultad de Artes empieza a dejar de ser una puerta hacia los estudios superiores para adquirir un peso específico. Sus miembros reclaman el derecho a impartir enseñanzas sobre todos los textos que poseen, a discutirlos, con independencia del grado de verdad que se les atribuya. 

Empieza a configurarse la idea de libertad en la enseñanza y, con ella, la de libertad intelectual. Las primeras cuestiones problemáticas tienen lugar en el ámbito de la filosofía moral, pero pronto llegan a cuestiones de filosofía natural. El paradigma clerical en ciencia empezaba a desvanecerse para dar paso a una nueva concepción del mundo y del quehacer filosófico y científico guiada por la causalidad natural antes que por la providencia divina.

Manuscrito del canon de Avicena —médico visita enfermo— siglo XV. Fuente: Wikipedia

Del mismo modo, el léxico filosófico creado por Aristóteles, junto con las diversas disciplinas en que se divide la filosofía —lógica, física, metafísica, ética, política, poética— se mantuvo intacto y permitió el desarrollo de nuevas disciplinas. Central en este proceso fue la actitud de teólogos como Guillermo de Auxerre, Felipe el Canciller y Guillermo de Auvernia, que comenzaron a articular un discurso científico sobre la Teología y su relación con la Metafísica; así como de los magistri Artium, a quienes se debe el planteamiento de la reflexión sobre las obras de Aristóteles mediada por el uso de los comentarios de Avicena y Averroes.

Ambos aspectos culminan en la obra de Alberto Magno, apodado Doctor Universalis por la amplitud de sus intereses. De su magisterio arrancaron diferentes desarrollos doctrinales como el averroísmo de Sigieri de Brabante, la decisiva síntesis aristotélico-cristiana de Tomás de Aquino, los temas neoplatónicos- dionisíacos y la conexión entre la vida filosófica y, finalmente, la experiencia mística que va a caracterizar a la filosofía alemana y, en particular, a la obra del Maestro Eckhart a finales del siglo XIII.

Podemos afirmar que el nacimiento de las universidades se inscribe en un vasto movimiento de renovación cultural que, según la afortunada expresión de C.H. Haskins, suele definirse como el «Renacimiento del siglo XII». Hasta ese momento la sabiduría del mundo antiguo había sobrevivido casi exclusivamente en los monasterios (como evoca de forma muy sugerente Umberto Eco en su novela El nombre de la rosa).

Este movimiento, como hemos visto, pudo producirse en la medida en que cambió la relación entre cultura medieval y cultura clásica, con una particular atención a las ideas más favorables al desarrollo de nuevas disciplinas y nuevos conocimientos. 

Asimismo, reconocer como base de los estudios el mundo de la experiencia, que se compone de realidades individuales y no de entidades abstractas, buscar sus causas y llevar esta búsqueda cada vez más lejos, como sostenía Aristóteles, fue una actitud que llevó a las universidades europeas a ser consideradas las más prestigiosas fuentes del conocimiento.

De ese modo, a los dos polos en torno a los cuales había girado el pensamiento medieval, el regnum y el sacerdotium, se unió el studium. Europa parece renovarse siempre recuperando su pasado, para terminar encontrando, mediante su reflexión, el impulso para dar un salto hacia adelante.

* Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de Muy Historia.

Gomolava

77 víctimas de hace 2.800 años revelan en Gomolava una violencia selectiva contra mujeres y niños inédita en Europa

La genética y los huesos de 77 esqueletos de la Edad del Hierro revelan la primera masacre documentada de género en Europa. Según los investigadores, se trataría de un crimen calculado para destruir el tejido social a escala regional.

  • Erica Couto

Tras las huellas de Galileo: exploramos su recorrido vital por Pisa, Padua, Florencia y Roma

Como todo erudito del Renacimiento, la trayectoria de Galileo pasó por diversas ciudades de la península italiana, los lugares donde demostró sus conocimientos.

probando el telescopio

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La realidad histórica es que pocos científicos están envueltos en un aura de leyenda tan singular como la de Galileo Galilei. A pesar de no haber inventado el telescopio, fue quien lo perfeccionó y, al dirigirlo al cielo, lo convirtió en el instrumento científico que cambiaría para siempre la astronomía. Sus hallazgos tuvieron una enorme repercusión en la filosofía, en la religión e incluso en la antropología. En este recorrido por cuatro ciudades italianas —Pisa, Padua, Florencia y Roma— seguiremos sus huellas.

Pisa, la ciudad natal de Galileo. Foto: Istock

Pisa, su ciudad

Galileo nace en Pisa el 15 de febrero de 1564, cuatro días después de su nacimiento, es bautizado en el conocido baptisterio de la Piazza dei Miracoli, muy cerca de la célebre torre inclinada. Su padre, Vincenzo, nacido en el pueblo de Santa Maria a Monte hacia 1520, fue uno de los grandes teóricos de la música del siglo XVI. Vincenzo Galilei se había trasladado a Pisa con la idea de abrir una escuela de música. En esta ciudad vivía la familia de su esposa, Giulia Ammannati. En la via Giusti 24 se encuentra la casa de los Ammannati, una placa recuerda que esta fue la casa natal de Galileo Galilei donde pasó su infancia y juventud. 

Vincenzo quiso matricular a su hijo en el Collegio della Sapienza para que estudiara Medicina, pero como no cumplía la edad requerida para acceder, el joven Galileo terminará estudiando en la Universidad de Pisa, donde ingresa en 1580. Algún tiempo después, a la edad 25 años, se convertirá en profesor de esta universidad tras conseguir la cátedra de Matemáticas. 

El lugar que más se suele relacionar con Galileo en su ciudad natal es, sin duda, el más emblemático de todos: la torre de Pisa. Es habitual asociar la torre inclinada con los primeros experimentos sobre el movimiento de los cuerpos que Galileo Galilei llevó a cabo en presencia de estudiantes y profesores entre 1590 y 1591. Sin embargo, la veracidad histórica del hecho es más que dudosa. No obstante, podemos encontrar una inscripción en latín a la entrada de la torre que asegura que fue desde lo alto donde Galileo realizó sus famosos experimentos sobre la caída de los cuerpos.

Otro de los lugares galileanos de Pisa es el palacio real, antigua residencia del gran duque Cosme II, a quien Galileo había homenajeado bautizando las lunas de Júpiter como sidera medicei, los astros mediceos. Desde lo alto de la torre medieval (Torre della Verga d’Oro), Galileo apuntaba sus telescopios al cielo y se los mostraba al gran duque. 

En el verano de 1591, muere Vincenzo Galilei, dejando a su hijo con la carga de mantener a toda la familia. El exiguo sueldo en la Universidad de Pisa lleva a Galileo a postularse para una vacante en otra cátedra de Matemáticas a más de 200 kilómetros de allí.

Reloj astronómico en Padua. Foto: Istock

Padua, lugar de residencia

Tras abandonar Pisa, se establece en 1592 en Padua, ciudad de la República de Venecia donde había una prestigiosa universidad, la segunda más antigua de Italia tras la de Bolonia. En Padua se respiraba un ambiente intelectual mucho más liberal que en Pisa, motivado en parte porque Venecia no estaba tan sometida a los caprichos de la Inquisición. Esto permitía, por ejemplo, que en su Facultad de Medicina se diseccionaran cuerpos, con lo que los médicos estaban mucho mejor preparados que en las demás universidades. 

Galileo escribió que los mejores años de su vida fueron los que vivió en Padua. Aquí pasa dieciocho años, desde su ingreso en la universidad hasta 1610, en una época muy productiva donde realiza importantes desarrollos. En 1599, inventa el compás geométrico militar, un instrumento que facilita los cálculos geométricos y aritméticos; en 1604, construye una bomba hidráulica, ese mismo año descubre el movimiento uniformemente acelerado y desarrolla el termoscopio, un primitivo termómetro. También observa una nueva estrella en la constelación de Sagitario que ahora conocemos como Nova de Kepler. 

Quizás este sea el trabajo más importante de todos, ya que la desaparición repentina del astro lo lleva a cuestionarse el dogma aristotélico de la inmutabilidad de los cielos. Desde el punto de vista personal, también fueron unos años muy intensos. En esta época conoció en Venecia a Marina Gamba, madre de sus tres hijos (Virginia, Livia y Vincenzo), con la que nunca llegaría a casarse. 

Cada fin de semana se desplazaba a Venecia para encontrarse con ella y los lunes volvía a su residencia para retomar su trabajo en la universidad. No es difícil encontrar lugares vinculados a Galileo en Padua. En la vía del Santo, no muy lejos de la basílica de San Antonio de Padua (el santo que ni se llamaba Antonio, ni era de Padua), se alza el Palazzo Casale, la residencia del humanista Gian Vincenzo Pinelli que tendrá como huésped a Galileo durante casi una década, entre 1592 y 1601. 

En su biblioteca, una de las mayores de Italia y ahora dispersa, Galileo preparó la primera lección para la Universidad de Padua. No muy lejos de la anterior, en la actual via Galileo Galilei, se encuentra la casa donde vivirá entre 1601 y 1610. Aquí descubrirá las lunas de Júpiter observando el cielo desde la ventana y desde el jardín. En efecto, en 1609, tras tener noticia de la existencia de un invento óptico holandés capaz de aumentar las imágenes, Galileo desarrolla y mejora la idea y, a partir de unas lentes para gafas, construye un primer telescopio que supera en prestaciones al original. 

Pronto se da cuenta de que las lentes para gafas no ofrecen la calidad que él necesita, así que compra cristales de la mejor calidad posible que él mismo se encargará de pulir. El 21 de agosto, fabrica una nueva versión del telescopio con la que consigue ocho o nueve aumentos y lo presenta al Senado de Venecia. La demostración se realiza desde lo alto del campanile de la plaza de San Marcos. Los espectadores quedan impresionados, la isla de Murano parece estar apenas a 300 m de distancia y no a los dos kilómetros y medio que la separan en realidad. 

Aunque una placa instalada en el campanario con motivo del Año Internacional de la Astronomía en 2009 recuerda que Galileo amplió el horizonte humano desde aquí, lo cierto es que el campanile actual es una reconstrucción del original derrumbado en 1902.

En la sede histórica de la Universidad de Padua desde 1493, el Palazzo del Bo, se encuentra el teatro anatómico más antiguo del mundo. En este palacio, Galileo dio clase desde el 7 de diciembre de 1592 al 7 de septiembre de 1610. En la sala de los Cuarenta, que toma su nombre de otros tantos alumnos famosos que pasaron por aquí, se encuentra la cátedra de Galileo. 

Paseando por la ciudad de Padua es posible encontrar otras huellas. En la puerta del Molino, uno de los cuatro accesos que se abrían en la muralla medieval, hallamos una torre del siglo XIII con una placa conmemorativa del siglo XIX que asegura que Galileo había utilizado la torre como observatorio astronómico, aunque muy probablemente no sea cierto. También se puede visitar la iglesia de Santa Caterina, donde fueron bautizados dos de los hijos de Galileo, Livia y Vincenzo.

Esfera Armilar Ptolemaica, un instrumento didáctico creado por Ferdinando de Medici para la enseñanza astronómica que hoy se encuentra en el Museo Galileo de Florencia, Italia. - Shutterstock

Florencia y su trabajo

Tras descubrir las lunas de Júpiter y las irregularidades de la Luna, Galileo se da prisa en dar a conocer sus descubrimientos y publica su revolucionario Sidereus Nuncius, dedicado al gran duque de Toscana. En cuanto la obra sale de la imprenta, envía al duque un ejemplar aún sin encuadernar junto con el telescopio con el que hizo sus descubrimientos, disculpándose por el poco valor estético del aparato y prometiéndole uno de mayor calidad en el futuro. Cosme II quedó tan agradecido con los regalos que lo nombra «primer matemático y filósofo», además de primer matemático de la Universidad de Pisa, un cargo que no le obliga a residir en la ciudad ni a dar clases. Por ello, en julio de 1610, Galileo se instala en Florencia. 

Muy cerca de la magnífica Galería de los Oficios se encuentra el Museo Galileo (conocido hasta 2010 como Museo de la Historia de la Ciencia) que guarda las impresionantes colecciones mediceas de instrumentos científicos, entre ellos dos telescopios de Galileo completos, los únicos que se conservan en el mundo, así como varios instrumentos originales del astrónomo. En una carta al secretario de estado del Gran Ducado de Toscana, Belisario Vinta, Galileo asegura que los mejores telescopios que han salido de sus manos los consiguió después de haber tallado casi un centenar de lentes

Aunque la cifra sea probablemente exagerada, llama la atención que solo se hayan conservado dos telescopios completos y una lente, especialmente si tenemos en cuenta que Galileo envió telescopios a muchísimos estudiosos y potentados de la época. Los telescopios están fabricados con listones de madera encolados, recubiertos de cuero rojo y reforzados con tiras de cuero marrón.

Están decorados con pan de oro. En el objetivo llevan una lente convexa y en el ocular, una cóncava. En el museo florentino también se conserva un marco tallado en madera de ébano y marfil donde podemos ver el objetivo fracturado del telescopio original con el que Galileo descubrió los satélites de Júpiter. 

La vida en Florencia empezó a complicarse tras la denuncia de los dominicos en la basílica de Santa María Novella. En diciembre de 1614, el predicador Tommaso Caccini denuncia el carácter herético del sistema copernicano y ataca ferozmente a Galileo. Algunos de los discípulos de Galileo reaccionaron y Caccini denunció el asunto al inquisidor de Florencia para que frenara «ciertas mentes petulantes». El 24 de febrero de 1616, la Iglesia de Roma condenó la tesis heliocéntrica y el 5 de marzo decretó la suspensión de la obra de Copérnico hasta su corrección. La amonestación del jesuita Roberto Belarmino, quien más adelante llegaría a ser papa, santo y doctor de la Iglesia católica, conminó a Galileo a abandonar la hipótesis copernicana.

A Galileo no le gustaba vivir en la ciudad, por ello a lo largo de su etapa florentina cambió de residencia con frecuencia. Entre 1617 y 1631, vivió en la Villa dell’Ombrellino en el Oltrarno, aunque en aquella época la villa no había adquirido todavía el nombre actual. En el mismo lado del río, en la costa San Giorgio, encontramos una casa (en el número 19) que fue propiedad de Galileo entre 1629 y 1634. 

Aunque el astrónomo no pasó mucho tiempo aquí, podemos ver su retrato en la fachada, además del escudo familiar. En 1631, alquiló la Villa el Gioello, a un par de kilómetros al sur de Florencia y vecina al monasterio de San Matteo de Arcetri, donde vivían sus hijas Virginia y Livia. Virginia había adoptado el nombre de suor María Celeste, por la Virgen María y por la afición de su padre al cielo; por su parte, Livia había adoptado el nombre de suor Arcangela. En esta villa pasaría Galileo recluido el resto de su vida. En la actualidad, se puede realizar una visita guiada a la villa de Arcetri previa reserva.

El dux probando el telescopio de Galileo en el campanario de la Plaza de San Marcos. Fresco de Luigi Sabatelli. Tribuna Galileiana (Florencia). - ASC

Roma

Tras el éxito con el telescopio, Galileo presenta sus descubrimientos en Roma a los jesuitas. El importante astrónomo Clavius recibe a Galileo en el Collegio Romano en marzo de 1611. El Collegio Romano fue la sede principal de la orden jesuita, en la actualidad buena parte del edificio original lo ocupa el instituto de enseñanza secundaria Ennio Quirino Visconti, situado a la espalda de la iglesia romana de San Ignacio. 

Las relaciones de Galileo con los jesuitas se irán complicando a lo largo de los años. En 1613 discute con el jesuita alemán Christopher Scheiner sobre las manchas solares, su naturaleza y, sobre todo, con quién fue su descubridor. Las diferencias se acentúan tras la publicación en 1623 de Il saggiatore, donde ridiculiza las opiniones del también jesuita Horazio Grassi. Y, a pesar de la recomendación de 1616, Galileo sigue defendiendo la teoría copernicana y encontrando pruebas de su veracidad a través del telescopio. La existencia de fases en Mercurio y Venus solo se explica si estos dos planetas giran alrededor del Sol. Finalmente, la paciencia de la Iglesia católica se acaba y terminará procesando al astrónomo díscolo. 

En la Villa Sciarra, que se alza en el mismo lugar del Trastévere donde se encontraban los Huertos de César, Galileo hace la primera demostración pública del telescopio en Roma en 1611. También en el Trastévere se encuentran la Villa Farnesina y el Palazzo Corsini, sedes de la Accademia dei Lincei de la que Galileo fue miembro desde 25 de diciembre de 1611. A partir de su entrada en la prestigiosa academia firmará como Galileo Galilei Linceo.

Galileo ante el Santo Oficio. Joseph-Nicolas Robert-Fleury / Wikimedia

El juicio

El juicio tuvo lugar muy cerca de la Iglesia de Santa Maria sopra Minerva, a unos pasos del famoso panteón de Agripa. Allí era donde la orden de los Dominicos tenía su generalato, en el mismo lugar también se encontraba el aparato administrativo de la Inquisición donde se celebrará el famoso juicio y condena a Galileo en 1633 por no haber respetado la recomendación de considerar la teoría heliocéntrica como un simple modelo matemático sin base real. 

Desde la muerte de Galileo, muchas generaciones de estudiosos han seguido el legado histórico e intelectual que nos ha dejado una de las personalidades más brillantes y más inquisitivas de la historia de la ciencia. Además de estos lugares relacionados con la vida del astrónomo, hay multitud de monumentos conmemorativos de todas las épocas que darían para otro recorrido. 

Tras la muerte de Galileo Galilei (1642), sus restos fueron depositados en una pequeña estancia a los pies del campanario de la iglesia de Santa Croce, a la espera de la construcción de una tumba monumental. El proyecto se topó con la hostilidad de las autoridades eclesiásticas, que advirtieron al gran duque Ferdinando II de Medici de que no era apropiado erigir un monumento a un hombre condenado por la Iglesia. 

El 12 de marzo de 1737, los restos mortales de Galileo fueron finalmente trasladados en procesión desde el lugar de enterramiento original a la nueva tumba. El monumento fúnebre de Galileo en la iglesia de Santa Croce alude a las principales ideas del científico pisano. A ambos lados de la urna se encuentran las estatuas de la Geometría, obra de Girolamo Ticciati, que celebra las investigaciones de Galileo sobre el plano inclinado y la caída de los cuerpos, y de la Astronomía, obra de Vincenzo Foggini, que muestra el descubrimiento de Galileo de las manchas solares. 

La tumba está coronada por un busto de Galileo que sostiene un telescopio. Sobre el monumento se encuentra el escudo de armas de la familia Galilei: una escalera de tres peldaños de gules puesta en palo.


Descubre el misterio y los oscuros secretos detrás de las tablillas de maldición romanas

Las tablillas de maldición eran láminas en las que se escribían mensajes para dirigir a las fuerzas sobrenaturales con algún objetivo concreto.

Mosaico romana hallado en Pompeya

Publicado por Fran Navarro

Historiador y experto en documentación

Creado:

Desde tiempos inmemoriales, el deseo humano de influir y manipular el destino de otros ha tejido una fascinante red de prácticas y creencias. Entre estos métodos, las tablillas de maldición destacan como un oscuro puente entre lo natural y lo sobrenatural. Utilizadas desde la época grecorromana hasta bien entrado el medievo, estas pequeñas láminas de plomo inscritas no eran meros objetos: eran poderosas herramientas invocadas para dirigir las fuerzas ocultas contra aquellos que se interponían en el camino de sus creadores. Este artículo desentraña el misterioso mundo de las tablillas de maldición, ventanas a una era donde la magia y la cotidianidad se entrelazaban inextricablemente.


Tablilla de maldición romana. GMR Tongeren / Wikimedia

Tablillas de maldición

En el tumultuoso mundo grecorromano, la vida era un tejido de incertidumbres y peligros. Con una frontera más difuminada que en la actualidad entre lo natural y lo sobrenatural, cada enfermedad, desgracia o conflicto era a menudo interpretado como el resultado de fuerzas ocultas. En este entorno impregnado de misterio y temor, las tabellae defixionum surgieron como un método crítico para gestionar lo incontrolable. Estas tablillas de maldición, grabadas en plomo o materiales similares, se empleaban para invocar poderes sobrenaturales y dirigirlos contra enemigos, rivales amorosos o adversarios judiciales. No solo reflejaban la cosmología de una sociedad que veía lo divino y lo demoníaco en cada esquina, sino que también representaban una práctica común de autodefensa en un mundo donde la justicia humana a menudo fallaba.

Las tablillas de maldición, o tabellae defixionum, eran finas láminas de plomo, aunque a veces también se utilizaban materiales como papiro, cera o madera. Estas tablillas se grababan con inscripciones meticulosas en caracteres minúsculos, a menudo en lenguas griega o latina, y se enrollaban o doblaban cuidadosamente para ocultar su contenido. Se depositaban en lugares ocultos y sagrados: enterradas en tumbas, sumergidas en pozos sagrados o manantiales, e incluso incrustadas en muros de templos, asegurando así su proximidad a los reinos divinos y subterráneos.

Las maldiciones inscritas variaban ampliamente en su naturaleza. Algunas eran conjuros de amor, diseñados para atraer o retener a un amante; otras buscaban influir en los resultados de juicios o competiciones deportivas, como carreras de carros, pidiendo que los oponentes olvidaran sus líneas de defensa o tropezaran durante la carrera. También había maldiciones más vengativas que buscaban el daño directo a individuos específicos por despecho o rivalidad.

La función de las deidades en estas maldiciones era crucial. Las tablillas a menudo invocaban a dioses infernales o de los límites, como Hécate, Hermes, y Perséfone, considerados mediadores entre los mundos terrenal y divino. Estas deidades eran llamadas a actuar en nombre del solicitante, influenciando o controlando el destino de la persona maldecida. Además, la relación con los muertos jugaba un papel integral, ya que se creía que depositar estas tablillas en tumbas permitía que los espíritus de los difuntos, especialmente aquellos que habían sufrido muertes prematuras o violentas, ejecutaran las maldiciones con un fervor especial, impulsados por sus propias tragedias y la energía inquieta de sus almas.

Hécate según Maxmilián Pirner. Wikimedia

¿Cómo era el ritual?

Crear una tablilla de maldición era un proceso que requería precisión y meticulosidad, empezando con la selección de los materiales. El plomo, por su conexión con el inframundo debido a su peso y opacidad, era el material preferido. Se cortaba en láminas sobre las cuales se grababan las inscripciones usando un estilete de bronce o hierro. Las palabras mágicas, a menudo acompañadas de símbolos y nombres de deidades específicas, eran cuidadosamente elegidas para maximizar la efectividad del conjuro.

Un ejemplo clásico podría ser una maldición amorosa: el conjurador inscribiría el nombre de la persona amada, pidiendo a deidades como Hécate que "encienda el fuego en el corazón de [nombre] y lo lleve a mis brazos, dejando a cualquier otro amante impotente y olvidado". Este texto se enrollaría y se ataría con hilo negro, y se enterraría en un lugar que tuviera una fuerte conexión espiritual, como una encrucijada o un cementerio, para activar el conjuro, invocando así la intercesión divina en asuntos terrenales de amor y deseo.

Tablilla de plomo con maldición en lenguaje ibérico. Wikimedia

Maldiciones y creencias mágicas

Las tablillas de maldición reflejan una faceta profundamente arraigada en la sociedad antigua: la creencia en la magia como una herramienta práctica y cotidiana. Estas prácticas eran ampliamente aceptadas y, a menudo, temidas, revelando un mundo donde lo sobrenatural se percibía como una extensión directa de la realidad tangible. Esta aceptación transversal demuestra cómo las culturas grecorromana y medieval integraban lo mágico en el tejido de su vida diaria para influir en eventos personales y comunitarios.

Los estudios modernos sobre las tablillas de maldición han proporcionado información valiosa sobre la mentalidad de las épocas pasadas. Historiadores y arqueólogos, al descifrar estas inscripciones, han podido comprender mejor las preocupaciones, esperanzas y miedos de las personas comunes de aquellas sociedades. Así, estas prácticas no solo revelan aspectos de la religión y la superstición antiguas, sino que también ofrecen una ventana a las dinámicas sociales y la psicología de la antigüedad, subrayando una humanidad compartida a lo largo del tiempo.

Mosaico romana hallado en Pompeya. WolfgangRieger / Wikimedia

Las tablillas de maldición iluminan la compleja trama de las creencias humanas y su eterna lucha por dominar lo desconocido. Este antiguo método de influir en el destino resuena aún en las supersticiones y prácticas esotéricas contemporáneas, demostrando que el deseo de control sobre lo invisible persiste a través de los siglos.

Referencias:

  • Cano López, S. 2007. Mensaje para el infierno. Las tablillas de la maldición. Boletín de la Asociación Provincial de Museos Locales de Córdoba 8, 295-299.
  • Ordóñez Agulla, S. M. y García-Dils de la Vega, S. 2018. Tablillas de maldición. Magia, maleficios y conjuros en la religiosidad popular romana. Andalucía en la historia 62, 52-57.

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